Peruanos en Italia.com Las americas revista latinoamericana en Italia

Director : Yvan Alvarez Lira

 
       

Milán

 
       

     
       

Edición número: 55

Contenido

     
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
     
 

 

 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

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::: Paz en las tormentas ::::
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EL  PORTERO  DE  HOTEL

Escribe : Lionel Alvarez Lira
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El sólo era el portero del hotel. ¿Pero que más podría hacer aquel hombre? De hecho, no sabía leer ni escribir, no tenia ninguna otra actividad ni oficio.

Un día el hotel cambió de administrador, asumió un joven con inquietudes, creativo y emprendedor, quien decidió modernizar el negocio. Hizo cambios y después cito al personal para darle nuevas instrucciones. Al portero, le dijo: "A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, me va a preparar un reporte semanal donde registrará la cantidad de personas que entren por día y notará sus comentarios y recomendaciones sobre el servicio..."

El hombre tembló, tenía muchas ganas de trabajar, pero... - "Me encantaría satisfacerlo, señor - balbuceo - pero yo... yo no se leer ni escribir..."

- "Ah! Cuanto lo siento", dijo el joven administrador.

- "Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabaje en esto toda mi vida..."

No lo dejo terminar: "Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Le vamos a dar una indemnización para que tenga hasta que encuentre otro trabajo. Así que, lo siento. Que tenga suerte..." Y sin mas, se dio vuelta y se fue.

El portero sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a esa situación. ¿Que hacer? Recordó que en el hotel cuando se rompía una silla o se arruinaba una mesa, el, con un martillo y clavos lograba arreglarlas.

Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta conseguir un empleo. El problema es que solo contaba con unos clavos oxidados y unas pinzas muy viejas, entonces decidió usar parte del dinero para comprar una caja de herramientas.

Como en el pueblo no había una ferretería, debía viajar dos días en mula al pueblo mas cercano a realizar la compra. ¿Que mas da?, y emprendió la marcha. A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas.

De inmediato su vecino llamo a la puerta de su casa:

- "Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme..."

- "Mire, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar... como me quede sin empleo..."

- "Bueno, pero,  se lo devolvería mañana bien temprano."

El ex-portero accedió y le presto el martillo. A la mañana siguiente, el vecino toco la puerta: - "Mire,  todavía necesito el martillo. ¿Porque no me lo vende?"

- ''No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería esta a dos días en mula."

- "Hagamos un trato - dijo el vecino - Yo le pagare los dos días de ida y los dos de vuelta, mas el precio del martillo, total usted esta sin trabajar. ¿Que le parece?"

Realmente, esto le daba trabajo por cuatro días... acepto. Volvió a montar su mula. Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa: "Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?" - "Si, así es..."

- "Mire, yo necesito unas herramientas, y estoy dispuesto a pagarle sus cuatros días de viaje, mas una pequeña ganancia. Yo no dispongo de tiempo para el viaje."

El ex-portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pago y se fue. El ex-portero pensó que mucha gente podría necesitar que el viajara a traer herramientas que había vendido.

De paso, se ahorrarían tiempo de viajes. La voz empezó a correr por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje.

Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. Alquiló una carreta para almacenar las herramientas y semanas después alquilo un cuarto que se convirtió en la primera ferretería del pueblo. Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaban, los fabricantes le enviaban sus pedidos. El era un buen cliente. Con el tiempo, las comunidades cercanas preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.

Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para el las cabezas de los martillos. Y luego, ¿por que no? Las tenazas... y las pinzas... y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos. Para no hacer más largo el cuento sucedió que en diez años aquel hombre se transformo con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas.

Un día decidió donar a su pueblo una escuela. Ahí se enseñaría, además de leer y escribir, las artes y oficios más prácticos de la época. En el acto de inauguración de la escuela, el alcalde le entrego las llaves de la ciudad, lo abrazo y le dijo:

- "Es un gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de la nueva escuela"

- "El honor seria para mi - dijo el hombre - Creo que nada me gustaría mas que firmar allí, pero yo no se leer ni escribir. Yo soy analfabeto."

- No puedo creerlo ¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, ¿que hubiera sido de usted si supiera leer y escribir?

- "Yo se lo puedo contestar - respondió el hombre con calma - Si yo hubiera sabido leer y escribir... sería portero del hotel!"

M O R A L E J A

Generalmente los cambios son vistos como adversidades. Pero esas adversidades encierran muchas buenas posibilidades. Las crisis están llenas de oportunidades.

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