|
Guillermo
Del Solar ha congregado a un conjunto de veteranos como titulares.
Juan
Jayo aparece como el nexo entre él y los jugadores, pero Jayo, como
la mayoría de los titulares, no resiste un juego exigente los 90
minutos y mucho menos actuar en dos partidos seguidos.
Claudio
Pizarro no se cansa de vendernos la imagen de un deportista que
tiene un desempeño a media máquina, no comprometido con el destino de
la selección y que vive aislado del resto de sus compañeros.
Paolo
Guerrero nos ha vendido la idea de que mata por el Perú y, sin
embargo, de los cuatro partidos disputados solamente ha jugado 45
minutos.
Su
primera lesión es todo un enigma, pues en Alemania afirman que nos lo
mandaron en perfectas condiciones físicas.
Su
inesperado cansancio frente a Brasil y su posterior escándalo de
rumores gracias a Magaly Medina no hace otra cosa que pintárnoslo como
un peruano típico: una especie de Perico León revivido, que se
escapa de la concentración.
Jefferson
Farfán sigue siendo la eterna víctima al jugar en un puesto que no
le corresponde.
Es
casi un lateral o un volante de contención. Farfán debería hablar
más claro que en su comercial y decirle a Chemo que es un delantero
goleador. En los cuatro partidos ninguno de estos tres “extranjeros”
ha anotado un solo tanto.
|