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Hincha
es quien alienta a un grupo de jugadores, convencido que tienen
objetivos compartidos. No es el caso.
No
puedo hinchar por la selección peruana, ni por sus jugadores, a quienes
no solamente considero malos deportistas sino malos profesionales.
La
culpa no es solamente de ellos, por cierto.
Debemos
señalar la nefasta organización de nuestro fútbol para entender el
clamoroso atraso.
Nuestro
fútbol pertenece a la época de la carreta y, aunque suene paradójico,
allí radica el negocio de los dirigentes: vender a las promesas y
comprar a viejos futbolistas para lucrar con la transferencia. Los
dirigentes se oponen a la renovación porque perderían a la gallina de
los huevos de oro. |